agosto 23, 2011

I: Por lo que entiendo, solamente hay una cosa por la que vale la pena esforzarse: la aceptación.

I: Por lo que entiendo, solamente hay una cosa por la que vale la pena esforzarse: la aceptación.

UG: ¿No ves la contradicción en esos términos? Si aceptas, ¿dónde queda la necesidad de esforzarse? Se acaba. Si captas algo, no puedes hablar de esforzarte. Lo aceptas, te lo crees. Crees en algo, lo aceptas como un acto de fe y ahí se acaba todo. Si cuestionas eso, quiere decir que no lo has aceptado. No estás seguro de ello.

I: Tuve que aceptar mi trabajo como abogado antes de que pudiera adquirir el conocimiento necesario para conseguir el empleo.

UG: Tuviste que luchar y esforzarte mucho para adquirir el conocimiento legal necesario para conseguir el trabajo. Eso ya se sabe. Así que, ésa es la única forma. No hay otra. Estás aplicando esta misma técnica para alcanzar tus mal llamadas metas espirituales. Esta es la diferencia a la que estoy apuntando. Como abogado, sabes lo que se hace en los juzgados. Tienes que basarte en los precedentes y en las sentencias previas; las dos partes citan juicios previos y argumentan el caso. El juez, o bien acepta tus argumentos o los del otro y emite un veredicto en favor de tu cliente o en favor del otro cliente. Luego apelas a una instancia superior. Eso es lo mismo. Finalmente acudes ante la Corte Suprema donde el juez toma la decisión definitiva. Puede que discrepes con la sentencia-el cliente puede hacer todo lo posible por recurrirla y rehuir aceptarla-, pero esa sentencia puede ser impuesta por la ley. Si es un caso civil perderás aquello que estabas reclamando. Si es un caso criminal, acabarás en prisión. En última instancia ésta es la forma en que se decide quién está diciendo una mentira y quién está diciendo la verdad. En el análisis final eso es arbitrario. Por eso es esencial para ti estar versado en el conjunto de la ley. Es esencial para ti adquirir el conocimiento legal (necesario) para tu trabajo. Cuanto más eficiente seas, mayores serán tus oportunidades. Cuanto más inteligente seas, mejores serán tus expectativas. Eso es así. Por eso, has de luchar y esforzarte, has de emplear tu voluntad y obtendrás el éxito. Pero siempre hay algo más que lograr.

(Pero) estás empleando ese mismo instrumento para alcanzar tus metas espirituales. Esto es todo lo que estoy indicando. No puedes concebir la posibilidad de comprender nada si no es en el tiempo. Todo requiere su tiempo. Te ha llevado muchos años el estar donde estás y aun así te estás esforzando y luchando para alcanzar un nivel superior, cada vez más y más alto. Ese instrumento (la mente) que estás empleando no puede imaginarse la posibilidad de comprender nada sin esfuerzo, sin luchar, sin producir resultados. Pero los asuntos con los que has de tratar en la vida son asuntos vivos (del cómo vivir). Esto (la mente) no nos ha ayudado a resolver los problemas. Temporalmente puedes encontrar una solución, pero ésa crea otro problema y así sigue y sigue. Todo eso son asuntos de la vida. Problemas vivos. El instrumento que estás usando (el pensar) es un instrumento muerto y no puede ser empleado para entender nada que esté vivo. No puedes más que pensar en términos de esfuerzo, lucha, tiempo: un día alcanzarás la meta espiritual, del mismo modo que has logrado la meta que te habías puesto delante.

I: Pero ¿estás diciendo que existe un conocimiento tal que resuelve los problemas de la vida?

UG: No. Para nada. Ese saber no te puede ayudar a comprender o a solventar los problemas vitales. Porque esos no son problemas en ese sentido. Solamente tenemos soluciones. Solamente estás interesado en soluciones y esas soluciones no han resuelto tus problemas, por eso estás tratando de encontrar diferentes clases de soluciones. Pero la situación permanecerá siendo exactamente la misma. De alguna forma existe la esperanza de que descubrirás la solución para solventar tus problemas.

Por eso tu problema no es el problema, sino la solución. Si la solución desaparece, no existe el problema. Si existe una solución, el problema no debería subsistir más. Si las respuestas dadas por los demás (por los sabios) fuesen las respuestas, entonces las preguntas dejarían de existir. Así que esas no son obviamente las respuestas.

Si fueran las respuestas, las preguntas no existirían. Así que, ¿por qué no cuestionas las respuestas? Si cuestionas las respuestas, debes cuestionar a aquellos que han dado las respuestas. Pero das por sentado que esos son sabios, que su espiritualidad es superior a la nuestra y que ellos saben de lo que están hablando. ¡Ellos no tienen ni la más mínima idea!

¿...hay alguna posibilidad de pasar de este conocimiento de la realidad e ir a la realidad (verdadera)?

I: Lo que estoy preguntando es, ¿hay alguna posibilidad - comprendo
que no hay método - pero, hay alguna posibilidad de pasar de este
conocimiento de la realidad e ir a la realidad (verdadera)?

UG: Si eres suficientemente afortunado (solamente es cosa de suerte) y sales de esta trampa, la pregunta sobre la realidad deja de existir (para ti). La pregunta surge de ese conocimiento el cual está todavía interesado en descubrir la realidad de las cosas y en experimentar directamente lo que es la realidad. Cuando esto (el conocimiento) desaparece, la pregunta desaparece. Entonces no hay necesidad alguna de hallar una respuesta. Esta pregunta que te estás planteando, y que me planteas, nace de suponer que existe una realidad y esa suposición nace de ese conocimiento que tienes de la realidad... El conocimiento es la respuesta que ya tienes. Por eso estás planteando la pregunta. La pregunta surge automáticamente.

Lo que es necesario no es hallar la respuesta a la pregunta, sino comprender que esa pregunta que estás planteando, que pones ante ti y pones ante otros, nace de la respuesta que ya tienes y que es conocimiento. Por eso, el formato de pregunta y respuesta, si nos complacemos en exceso en él, se convierte en un ritual sin sentido... Si realmente estás interesado en descubrir la realidad, lo que tiene que aparecerte como claro es que tú mismo preguntar nace de las respuestas que ya posees. Si no, no podría haber pregunta alguna. En primer lugar, asumes por tu parte que existe una realidad y luego que hay algo que puedes hacer para vivir esa realidad. Sin el conocimiento (sobre la realidad) no posees experiencia de la realidad, eso es seguro. "Si no existe ese conocimiento, ¿hay otra forma de vivir esa realidad?" Estás planteando la pregunta. La respuesta acompaña a la pregunta. Por eso no hay necesidad de plantear preguntas ni hay necesidad de responder. No estoy tratando de parecer inteligente. Únicamente estoy señalando lo que interviene en el asunto del preguntar y del responder. No estoy realmente contestando ninguna de tus preguntas. Tan sólo indico que no puedes tener preguntas cuando no tienes respuestas.

I: Comprendo. Incluso entonces me gustaría seguir con el juego.

UG: Bien. Puede que resultes diestro jugando. Yo no. De todos modos veamos que podemos hacer.

I: Aunque sepas de nuestra preocupación por el saber, estás hablando sobre nuestra realidad y sobre el aceptar la realidad.

UG: Tal como es.

I: ¿Tal como es?

UG: Como nos es impuesta por nuestra cultura con el propósito de funcionar de modo inteligente y sano en este mundo, sabiendo que no posee otro valor distinto al de su valor funcional. Por que si no, ¿sabes?, nos meteremos en problemas. Si a esto no le llamas micrófono y decides llamarlo mono, tendremos que reaprender y cada vez que lo veamos tendremos que llamarlo mono rojo o negro en vez de llamarlo micrófono. Eso (el pensamiento o el lenguaje) es sumamente simple para el comunicarse.

I: Me pregunto qué sucedería si llamáramos a esa silla, lámpara y a esa mesa, sombrero, porque muchas de nuestras filosofías e ideas están relacionadas con ello.

UG: Es interesante el construir una estructura filosófica. Por eso tenemos tantos filósofos y tantas filosofías en el mundo.

¿Sólo fluir? ¿Nada que perseguir, solamente dejarse ir?

I: ¿Sólo fluir? ¿Nada que perseguir, solamente dejarse ir?
UG: Incluso ese "fluir" no es algo voluntario de tu parte. No tienes que hacer nada. No estás separado de eso. Eso es todo lo que estoy enfatizando. No puedes separarte de tus pensamientos y decirte a ti mismo "esos son mis pensamientos". Esa es tu ilusión y tú no eres capaz de hacer nada sin ilusiones. Siempre reemplazas una ilusión por otra. Siempre

I: Y yo también acepto eso.

UG: Tú aceptas que siempre estás reemplazando una ilusión por otra ilusión, por eso tu deseo de liberarte de la ilusión es una imposibilidad. En sí misma es una ilusión. ¿Por qué motivo quieres liberarte de las ilusiones? Eso es lo que acabará contigo. No es que te esté asustando, solamente estoy señalando que éste no es un juego trivial al que jugar. Eso eres tú, tú tal y como te conoces. Cuando ese conocimiento que tienes de ti mismo deje de estar ahí, el conocimiento que posees del mundo también desaparecerá. No puede continuar ahí. Esto no puede acabarse tan fácilmente. Una ilusión siempre será reemplazada por otra ilusión.

No deseas ser una persona normal, no quieres ser alguien corriente. Ese es el verdadero problema. Lo más difícil es ser alguien corriente. La cultura te exige que seas algo distinto de lo que eres. Eso ha creado una cierta inercia, un movimiento del pensar tremendo, poderoso, que exige que seas diferente de lo que eres. Eso es todo lo que ocurre. Puedes emplearlo para alcanzar algo; sino, no sirve para nada.

Para lo único que te es útil el pensar es para alimentar este cuerpo y para reproducirte. Esa es la única utilidad de tu pensar. No sirve para nada más. No puede ser empleado para especular. Puedes edificar una impresionante estructura filosófica con el pensamiento, pero carece de valor alguno. Puedes interpretar cualquier acontecimiento de tu vida y construirte otra estructura filosófica con el pensamiento, pero esto (el pensar) no ha sido diseñado para eso.


Al mismo tiempo te olvidas de que todo lo que tienes a tu alrededor es la creación del pensar. Tú mismo naciste del pensamiento; sino, no estarías aquí. En este sentido posee un tremendo valor y aun así es lo mismo que te destruirá. Esa es la paradoja. Todo lo que has creado en este mundo se ha hecho posible con la ayuda de ese pensar, pero desafortunadamente eso mismo se ha convertido en el enemigo del hombre porque estás empleando el pensar para propósitos distintos a aquellos para los que existe. Puede ser empleado para resolver los problemas técnicos de un modo correcto y eficaz, pero no puede ser empleado para resolver los problemas de la vida.

Pensar positivamente, vivir positivamente,... es muy interesante, ¿sabes? No puedes ser siempre positivo. ¿Cómo puedes ser positivo? A cualquier cosa que no te sugiera un pensar positivo lo llamas negativo. Pero positivo y negativo existen solamente en los dominios de tu pensamiento. Cuando el pensar deja de estar presente, (lo que está ahí) no es ni positivo ni negativo. Como decía, no hay algo así como un enfoque negativo. Es un truco. Te estoy diciendo que te mantengas por ti mismo. Puedes andar, puedes nadar, no te vas a hundir. Eso es todo lo que puedo decir. Mientras esté presente el miedo, la amenaza de que te hundas será casi una certeza. Sino, hay una fuerza ascensional en el agua que te mantiene flotando. El miedo a hundirte es lo que hace imposible para ti el que el movimiento suceda por sí mismo. ¿Ves?, no tiene dirección: es simplemente un movimiento sin dirección. Estás tratando de manipular y canalizar ese movimiento en una determinada dirección de modo que puedas obtener unos beneficios. Eres sencillamente un movimiento sin dirección.

¿Estás de acuerdo conmigo en que vives en un estado sin fricciones?

EL CORAJE DE ESTAR SOLO
Conversaciones con U.G. Krishnamurti
Amsterdam, Septiembre de 1982
Trascripto y editado por Ellen Cristal
Cintas originales producidas y editadas por Henk Schonewille



I: U.G., ¿Estás de acuerdo conmigo en que vives en un estado sin fricciones?

UG: ...Sin estar en conflicto con la sociedad. Ésta mi única realidad, el mundo tal y como es hoy en día. La "realidad última" que el hombre ha inventado no guarda ninguna relación con la realidad de este mundo. Mientras estés buscando, indagando y deseando entender esa realidad (a la que llamas "realidad última" o como quiera que la llames) no podrás enfrentar la realidad de este mundo exactamente como es. Por eso, cualquier cosa que hagas para escapar de la realidad de este mundo te dificultará vivir en armonía con las cosas que te rodean. Tenemos una idea de la armonía. Como vivir en paz con uno mismo - esa es una idea. Pero ya existe una extraordinaria paz allí. Lo que te dificulta vivir en paz contigo mismo es la creación [de la idea] de lo que tú llamas "paz", la cual no posee ninguna relación con el armonioso funcionamiento del cuerpo. Cuando te liberes de la carga de tratar de alcanzar, experimentar, y permanecer en esa realidad, entonces entenderás que es un problema comprender la realidad de las cosas. Descubrirás que no tienes forma de experimentar la realidad de nada,pero al menos no estarás viviendo en un mundo de ilusiones. Aceptarás que no hay nada, nada que puedas hacer para experimentar la realidad de algo, excepto la realidad que nos es impuesta por la sociedad. Hemos de aceptar la realidad tal cual nos la impone la sociedad porque nos es esencial funcionar en este mundo de un modo inteligente y sano. Si no aceptamos esa realidad, estamos perdidos. Terminaremos en un manicomio. Así que tenemos que aceptar la realidad tal cual nos la impone la cultura, la sociedad, o como quieras llamarla, y al mismo tiempo comprender que no hay nada que podamos hacer para experimentar la realidad de algo. Entonces no estarás en conflicto con la sociedad y el deseo de ser algo distinto de lo que eres terminará.

[En este estado,] la meta que te has puesto ante ti, la meta que has aceptado como el ideal a alcanzar, y el deseo de ser algo distinto de lo que eres, no existen más. No es cuestión de aceptar algo, sino que, la persecución de esas metas que la cultura ha colocado ante nosotros y a las cuales aceptamos como deseables, ya no está. El deseo de alcanzar esa meta tampoco existe más. Y así, eres lo que eres.
 
Cuando el movimiento hacia volverte algo distinto de lo que eres ya no existe, no estás en conflicto contigo mismo. Y si no estás en conflicto contigo mismo, no puedes estar en conflicto con la sociedad que te rodea. Mientras no estás en paz contigo mismo, no puedes estar en paz con los demás. E incluso entonces [cuando estás en paz contigo mismo] no hay garantía de que tus vecinos serán pacíficos, pero eso no te importará en absoluto. Cuando estás en paz contigo mismo, te conviertes en una amenaza para la sociedad del modo en que ésta funciona hoy en día. Serás una amenaza para tus vecinos porque ellos han aceptado la realidad del mundo como verdadera, y porque ellos también están buscando esa cosa llamada "paz". Te convertirás en una amenaza para su existencia, tal y como ellos la conocen y experimentan. Por eso es que uno está solo - no esa soledad que la gente quiere evitar - pero se está solo en ésto.

Ni la "realidad última" - en la que no estás verdaderamente interesado -, ni las enseñanzas de los gurús, ni las enseñanzas de los santos, ni la innumerable cantidad de técnicas que posees, te daran la energía que estás buscando. Una vez que ese movimiento [del pensamiento] ya no exista, eso empezará a andar y liberará la energía necesaria. No ha de ser la enseñanza de un santo. No ha de ser ninguna de las técnicas que el hombre ha inventado - porque allí no hay fricción. Realmente no sabes lo que es.

El movimiento ahí (señalando a los oyentes) y el movimiento aquí (señalándose a sí mismo) son uno y el mismo. La máquina humana no es diferente de la máquina que la rodea. Ambas marchan al unísono. La energía que hay allí, la misma energía opera aquí. Toda energía que experimentes mediante la utilización de técnicas, será una energía de fricción. Esa energía es creada por la fricción del pensamiento; el deseo de experimentar esa energía es la causa de la energía que experimentas. Pero esta energía es algo que no puede ser experimentada en absoluto. Es sólo una expresión de la vida, una manifestación de la vida. Tú no tienes que hacer nada.

Cualquier cosa que hagas para experimentar [esa energía], está impidiéndole funcionar, pues ella es la expresión de la vida. No posee valor alguno según la forma en nosotros medimos las cosas que hacemos - las técnicas, la meditación, el yoga y todo eso. Y no estoy en contra de ninguna de esas cosas, por favor no me malentiendas, pero esos no son los medios para alcanzar la meta que te has propuesto. La meta en sí misma es falsa. Si la meta propuesta fuera el mantenimiento del cuerpo, probablemente las técnicas del yoga te ayudarán a mantener el cuerpo en forma. Pero el yoga no es el instrumento para alcanzar la meta de la Iluminación, la Transformación, o como quieras llamarle. Incluso las técnicas de meditación son actividades centradas en el ego. Esos mecanismos que empleas, son mecanismos de perpetuación del ego, y así, el objeto de tu búsqueda es traicionado por todas esas técnicas, porque esas técnicas son instrumentos de perpetuación del ego. De pronto te darás cuenta, o aparecerá ante ti, el hecho que la búsqueda misma en pos de la "realidad suprema" es también un mecanismo de perpetuación del ego. No hay nada que lograr, nada que ganar, nada que alcanzar.

Mientras estés haciendo algo por alcanzar tu meta, eso será un mecanismo de perpetuación del ego. Y empleo la expresión "mecanismo de perpetuación del ego", pero no quiero decir que exista un "yo" o una entidad. Tengo que usar la palabra "ego" porque no hay otra palabra. Es como el sistema de arranque en un coche. Se mantiene a sí mismo. Es lo único que le interesa. Todo lo que desees alcanzar será un ejercicio del ego. Y cuando empleo la frase "un ejercicio del ego", siempre lo entiendes como algo que debiera ser evitado, porque tu meta es no ser egoísta. Mientras trates de hacer algo para no ser egoísta, serás un individuo centrado en el ego. Cuando este movimiento en la dirección de no ser egoísta desaparezca, entonces no habrá ego ni actividad centrada en el ego. De manera que, son las técnicas en sí mismas, los sistemas y los métodos que estás empleando para alcanzar tu meta de ausencia de egoísmo, las que son las actividades del ego.

Desafortunadamente, la sociedad ha colocado ante nosotros esa meta como el ideal, porque un hombre no egoísta supone ser un gran elemento para la sociedad, y la sociedad solamente está interesada en la continuidad, en el "status quo". Así que todos esos valores, que hemos aceptado como valores que uno debiera cultivar, han sido inventados por la mente humana para perpetuarse a sí misma.

La meta te está posibilitando seguir de esta forma, pero no vas a ningún lado. La esperanza es que, algún día, a través de algún milagro o de la ayuda de alguien, serás capaz de alcanzar la meta. La esperanza es la que te mantiene activo pero, real y tácitamente , no vas a ninguna parte. En algún punto del camino te darás cuenta de que todo aquello que estás haciendo para alcanzar tu meta no te lleva a ninguna parte, y entonces querrás hacer alguna otra cosa. Pero si has probado con uno, y no funcionó, tarde o temprano comprobarás que todos los demás sistemas son exactamente lo mismo. Esto ha de estar muy, muy claro.

Cualquiera sea la búsqueda en la que te hallas embarcado, en algún punto del camino te darás cuenta que no conduce a ninguna parte. En tanto quieras algo, seguirás haciéndolo. Ese querer algo ha de quedar muy, muy claro. ¿Qué es lo que quieres? "Quiero estar en paz conmigo mismo". Esa meta es imposible porque todo lo que hagas para estar en paz contigo mismo destruye la paz que naturalmente habría en tí. Has puesto en marcha el movimiento del pensamiento, el cual destruye la paz que ya existe. Es muy difícil comprender que todo lo que hagas es el obstáculo, es la única cosa que altera la armonía, la paz que ya existe.

Cualquier movimiento del pensamiento, en cualquier dirección, es un factor altamente destructivo para el suave y tranquilo funcionamiento de este organismo vivo, que no está para nada interesado en tus experiencias espirituales. No tiene interés alguno en ninguna de las experiencias espirituales, por muy extraordinarias que puedan ser. Una vez que tienes una experiencia espiritual se genera una necesidad de más y más experiencias del mismo tipo y, por último, desearás estar en ese estado permanentemente. No existe una cosa tal como la felicidad permanente o la dicha permanente. Tu piensas que existe debido a todos esos libros que hablan de la dicha eterna, del gozo permanente, o de la felicidad permanente. Aun sabiedo claramente que la búsqueda no te está conduciendo a ninguna parte, el mecanismo que está implicado, el instrumento que estás usando, te mantiene en marcha, porque no conoce ninguna otra cosa. Ha aparecido tras muchos años de arduo esfuerzo, trabajo y voluntad. Tu deseo de estar en un estado de ausencia de esfuerzo mediante el esfuerzo no tendrá éxito. Olvídate pues del estado sin esfuerzo, no existe en absoluto. Deseas alcanzar un estado de ausencia de esfuerzo mediante el esfuerzo, ¿cómo vas a lograr eso? No olvides que cualquier cosa que hagas, cualquier deseo que tengas, por cualquier motivo, es esfuerzo. La ausencia de esfuerzo es algo que no se puede alcanzar mediante el esfuerzo. Cualquier cosa que intentes para detener el esfuerzo es, en sí mismo, esfuerzo. Es realmente una locura pensar en eso. Todavía no te has presionado hasta ese punto. Cuando lo hagas tendrás un serio problema. Tienes que ver que todo eso que estás haciendo para estar en ese estado de ausencia de esfuerzo, por la razón que sea por la que quieras estar allí, es esfuerzo. Incluso el no desear emplear el esfuerzo, es también esfuerzo. La ausencia total de voluntad y la ausencia total de esfuerzo, de toda clase, puede ser llamada un estado de ausencia de esfuerzo. Pero ese estado de ausencia de esfuerzo no es algo que puedas alcanzar esforzándote.

Si pudieras comprender en algún momento la estupidez de lo que estás haciendo... Puedes cambiar las técnicas, puedes cambiar los maestros, pero básica y esencialmente, sea cual fuere la técnica que estés empleando para alcanzar tu meta, será el obstáculo. Y si contradijeras la enseñanza, tendrías que contradecir al que la enseña, pero entonces aparece el sentimiento y te dices: "Debo estar equivocado yo, no ellos, algún día lo voy a conprender." Déjame decirte que si no lo comprendes hoy, no lo vas a comprender nunca. El comprender es la ausencia del deseo de comprender, ahora o mañana. Puede que te suene a chiste, pero así es como es. ¿Qué quieres comprender? No puedes comprenderme en absoluto. He estado hablando durante veinte minutos y puedo continuar, pero no vas a comprender nada. No es que sea difícil. Es muy simple. La complicada estructura que está implicada es la que no acepta la simplicidad del hecho. Ese es el verdadero problema. Te dices a tí mismo: "No puede ser tan sencillo". Debido a que esa estructura es tan compleja no quieres ni considerar la posibilidad de que pueda ser sencillo. Por eso piensas que comprenderás en el futuro, no hoy. Mañana sucederá lo mismo, y después de diez años seguirá siendo lo mismo. ¿Qué hacer pues con esta situación? Todos hemos pasado por eso. O te vuelves loco o lo comprendes. Las probabilidades de volverte loco son altas si te presionas lo suficiente. Pero no te preocupes porque no lo vas a hacer.

¿Qué es lo que quieres comprender? No estoy diciendo nada profundo. He estado repitiendo lo mismo día tras día. Fundamentalmente te suena contradictorio. Lo que estoy haciendo es afirmar algo, y la siguiente afirmación niega la primera. Aunque te parezca contradictorio, realmente no lo es. La primera frase no expresaba realmente lo que estoy tratando de decir, por eso la segunda frase es la negación de la primera. La tercera afirmación niega las dos primeras, y la cuarta niega a las tres anteriores. No con la idea de llegar a ninguna meta. No con la idea de comunicarte algo. No hay nada que comunicar. Solamente existe esta serie de negaciones, y sin la idea de llegar a ninguna meta. Tu meta es comprender, pero no hay nada que comprender aquí. Cada vez que intentas extraer de esto una conclusión, trato de indicarte que no es correcta. Tampoco es la doctrina neti-neti (1).

En la India se ha desarrollado este enfoque negativo. Pero aunque lo llamen enfoque negativo, sigue siendo un enfoque positivo, porque están interesados en llegar a una meta. Han fracasado mediante aproximaciones positivas, por eso han inventado ese enfoque negativo. "Ni esto, ni esto, ni esto". La Iluminación (2) no puede ser alcanzada, ni puede ser experimentada, a través del enfoque positivo. Y ese enfoque negativo no es realmente negativo porque todavía está la meta positiva de conocer la Iluminación, o de desear vivir algo, aquello que no puede ser experimentado. Es solamente un truco. Eso es todo; un jugar consigo mismo (3). Mientras la meta sea una meta positiva - no importa qué meta sea, tanto si es positiva como si es negativa - no es un enfoque negativo, es un enfoque positivo. Puedes jugar todo lo que quieras, es interesante, pero no existe la Iluminación, no hay tal cosa. Si aceptas que existe la Iluminación harás algo por conocerla. Tu interés radica en el conocer. Por eso este movimiento no se va a detener mientras estés interesado en experimentar algo que no puede ser experimentado.

No existe algo a lo que pueda llamarse la Iluminación. ¿Y cómo puedo decir que no existe la Iluminación? ¿Cómo puedo hacer una aseveración tan dogmática? Ya lo descubrirás. Mientras estés persiguiendo la Iluminación, éste movimiento funciona. Sientes que hay algo que puedes hacer - te da esperanzas -, "puede que algún día me tope con esta experiencia de la Iluminación ". ¿Cómo puede la Iluminación volverse parte de lo conocido? No hay ninguna posibilidad. Incluso asumiendo por un instante que este movimiento (el querer conocer la Iluminación) desapareciera, lo que quedaría sería algo que nunca podrías conocer. No tienes forma alguna de conocerlo (4), no hay forma alguna de capturar eso y experimentarlo o expresarlo.

Por eso, hablar de dicha eterna, de ese gozo, del amor, todo eso es solo poesía romántica, debido a que no tienes medios de capturarlo, de contenerlo y de expresarlo. Tal vez puedas darte cuenta de que el pensamiento no es el instrumento para comprender, y de que no existe otro instrumento. Entonces no hay nada que comprender[, no tienes que comprender nada]. Si traduces lo que estoy diciendo en términos de tus valores, en términos de códigos determinados de conducta, te estás equivocando por completo. No es que esté en contra de los códigos morales de conducta. Tienen un valor social. Son vitales para el adecuado funcionamiento de la sociedad. Has de poseer algún código de conducta para moverte en este mundo de forma inteligente. Si no, habría un caos total en este mundo. Este es un problema social. No es un problema ético ni un problema religioso. Has de separar estas dos cosas porque estamos viviendo hoy en día en un mundo diferente al del pasado. Hemos de encontrar otro medio de mantenernos en armonía con el mundo que nos rodea. Mientras estés en conflicto contigo mismo no te será posible estar en armonía con la sociedad que te rodea. Tú eres el auténtico responsable de esto. Me temo que si traduces lo que digo al contexto de tu pensamiento religioso no verás cuál es el punto. No tiene nada que ver con la religión. No estoy sugiriendo que debas cambiar. Sencillamente no es posible. No estoy tratando de liberarte de nada. No creo que esta charla tenga propósito alguno. Puedes dejar de lado lo que digo y decir que es una tontería. Es tu privilegio. Pero puede que te des cuenta de que la imagen que tienes de tu meta, o la imagen que tienes de lo que serás un día (mediante todo el esfuerzo y la voluntad que estás invirtiendo), no tiene absolutamente ninguna relación con aquello que estoy describiendo. Lo que estoy describiendo no es verdaderamente aquello en lo que estás interesado. Me gustaría poder darte un vislumbre de ello. No un "vislumbre" en el sentido en que empleas la palabra "vislumbre". Un "tocarlo". Porque no querrías ni tocarlo. Y aquello que deseas, aquello en lo que estás interesado, no existe. Puedes tener una gran cantidad de experiencias bellas, si es que estás interesado en ellas. Haz todo tipo de meditaciones, haz todo lo que quieras; tendrás muchas experiencias. Es más sencillo experimentar esas cosas tomando drogas. No estoy recomendando las drogas, pero son lo mismo, exactamente lo mismo. Los médicos dicen que las drogas dañan el cerebro, pero la meditación también daña el cerebro si se toma en serio. Se han vuelto locos, han saltado al río y se han matado. Han hecho toda clase de cosas, encerrarse en cuevas, porque no eran capaces de afrontarlo.

Tampoco puedes observar tus pensamientos, no puedes observar cada paso que das. Te volverías loco. No podrías caminar. Eso no es a lo que se refiere la idea de que debes ser consciente de todo. "Observa todo pensamiento." ¿Cómo es posible que puedas observar todos tus pensamientos, y por qué motivo desearías observar todos tus pensamientos? ¿Para qué? ¿Para controlarlo? No podrás controlarlo. Tiene un impulso tremendo.

Cuando tienes éxito en tu imaginación y crees que has controlado tus pensamientos y experimentas cierto espacio entre esos pensamientos o un determinado espacio carente de pensamientos, sientes que estás llegando a alguna parte. Ese es un estado de ausencia de pensamientos inducido por los propios pensamientos, un espacio entre dos pensamientos. El hecho de que experimentes el espacio entre dos pensamientos y el estado de ausencia de pensamientos significa que el pensamiento estaba muy presente. Resurge poco después, como el río Rhône que atravieza Francia; desaparece, y aparece de nuevo. Se ha sumergido. El río está aún allí. No puedes navegar por él, pero por último aparece de nuevo. De la misma manera, todas esas cosas que estás empujando a las regiones subterráneas (sintiendo que experimentas algo extraordinario), suben a la superficie de nuevo y entonces descubres que esos pensamientos estaban sumidos en tu interior.

Normalmente, no te das cuenta de que estás respirando, no eres consciente de tu respiración. ¿Por qué quieres ser consciente de tu respiración? ¿Por qué quieres ser consciente del movimiento de la respiración desde su origen hasta su final? De repente eres consciente de tu respiración. La respiración y el pensamiento están estrechamente relacionados, por eso deseas controlar tu respiración. Y eso, en cierta medida, es controlar tu pensamiento por un rato. Pero si suspendes tu aliento, eso te va a llevar a la muerte, literalmente a la muerte, de la misma forma en que el suspender o bloquear el flujo de pensamientos te va a llevar a la muerte o te va a dañar algo. El pensamiento es una vibración muy poderosa, una vibración extraordinaria. Es cómo un átomo. No puedes jugar con esas cosas.

No vas a alcanzar la meta de controlar por completo tus pensamientos. El pensamiento debe funcionar de otra manera, de una forma "desconectada", o "disasociada". Pero eso es algo que no puede ser provocado mediante un esfuerzo propio. Tiene que retomar su ritmo natural. Pero incluso si deseas que retome su ritmo, le estás dando fuerza a lo opuesto. Tiene una vida que le es propia y que ha, por desgracia, establecido una vida paralela dentro del movimiento de la vida. Esos dos siempre están en conflicto, y el conflicto sólo acabará cuando el cuerpo se acabe.

El pensar se ha convertido en el amo de este cuerpo. El pensamiento se ha adueñado totalmente de todo. Está todavía tratando de controlar todo lo que hay. Tú no puedes sacar al sirviente fuera de la casa, lo intentes como lo intentes, y si le fuerzas, incendiará la casa aún a sabiendas de que él también se quemará. Es una tontería de su parte, pero esto es lo que vas a conseguir si lo intentas. No fuerces estos ejemplos a su conclusión lógica, sino que descubre por tí mismo cuando haces estas cosas; no las tomes a la ligera. O tómalas a la ligera y juega con ellas, da igual.

U.G. Krishnamurti

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(1) En el hinduísmo, y en particular en el Jnana Yoga y el Advaita Vedanta, neti neti es un canto sagrado o mantra, que significa "no es esto, no es esto", o "ni esto, ni aquello". Adi Shankara fue uno de los filósofos del Advaita que impulsó el enfoque neti-neti. Los Upanishads hablan de una existencia suprema, un alma total y universal, llamada Brahman, la cual va más allá de las definiciones occidentales de un Dios personal. Brahman abarca toda la realidad y es, por lo tanto, imposible de describir totalmente. Netineti es considerado entonces como el enfoque para comprender el concepto de Brahman sin utilizar definiciones afirmativas (y por lo tanto inadecuadas) o descripciones de Brahman. El propósito del ejercicio es negar las racionalizaciones conscientes, y otras distracciones, durante la meditación. Es también la visión del sabio sobre la naturaleza de lo Divino, y especialmente de los intentos por capturar y describir la esencia de Dios.

(2) Literalmente, "lo desconocido", en el original en inglés. Preferimos la traducción de "lo desconocido" por "la Iluminación" porque el estado del "Iluminado" es el estado de no-conocer, o el que no puede ser conocido, y es a eso a lo que en nuestra opinión se refiere U.G. De haber continuado con la traducción literal, habrían perdido el sentido varios párrafos fundamentales. Preferimos dejar al lector, no obstante, al tanto de los cambios introducidos.

(3) Aunque no figure en ningún registro, U.G se refirió a esto (por lo menos una vez) con el término "masturbación filosófica".

(4) En casi todas sus charlas U.G usa el término "conocer" por su característica de "proceso que transcurre en el tiempo", remarcando su cualidad de "acción" o "actividad". Aunque esto sea así por definición, nuestro entorno no nos predispone a darnos cuenta de ello y de que, hay en nosotros un proceso contínuo de conocer, transcurriendo en el tiempo - y creándolo -, y creando la experiencia con la cual nos identificamos. U.G indica también que nuestra mente está en un constante proceso de "conocer".

octubre 26, 2010

Los principios ontológicos



Se llama ente todo aquello que “es”. Puede tratarse de una silla, de una montaña, de un ángel, de Don Quijote, de la raíz cuadrada de -1, o aun de absurdos como los triángulos redondos o las maderas de hierro: todo esto “es”, de todo ello puede predicarse el término “es”, y en la medida en que ello ocurre, se trata de “entes” -así como “pudiente” es “el que puede”, “viviente” lo que vive, “floreciente” lo que florece, “amante” el que ama, “lo que es” se llama “ente”-. A lo que hace que los entes sean, se lo llama ser; los entes, por tanto, son porque participan del ser -tal como el pudiente participa del poder, lo viviente del vivir, etc. La disciplina que se ocupa de estudiar los entes se llama ontología. Esta disciplina enuncia una serie de principios, válidos para todos los entes, que se denominan principios ontológicos.






a) El principio de identidad afirma que “todo ente es idéntico a sí mismo”. Con esto no se dice -adviértase bien- que todo ente sea “igual” a sí mismo, porque no es lo mismo la identidad que la igualdad. En efecto, 2 + 2 es igual a 4, pero no idéntico a 4; mientras que 2 + 2 es idéntico a 2 + 2, y 4 es idéntico a 4. Pues la palabra “identidad” deriva del vocablo latino ídem, que quiere decir “lo mismo”, de manera que “identidad” significa “mismidad”. Si a todo lo que no es idéntico se lo denomina diferente, podrá decirse que los iguales, como 2 + 2 y 4, son, no idénticos, sino diferentes. La diferencia admite como una de sus formas a la igualdad, junto a otras formas suyas como lo mayor o lo menor.






Por tanto, si entre dos entes no se encuentra diferencia ninguna, no se tratará de dos entes, sino de uno solo; es éste el llamado principio de la identidad de los indiscernibles (indistinguibles), enunciado por Leibniz (1646-1716).






b) El principio de contradicción sostiene que “ningún ente puede ser al mismo tiempo „P‟ y „no-P‟ “. Con la letra “P” se simboliza cualquier predicado posible (como, por ejemplo, “papel”, o “cenizas”, o “justicia”, etc.), y con “no-P” su negación (es decir, todo lo que no sea papel, o todo lo que no sea cenizas, o todo lo que no sea justicia, respectivamente). El principio señala entonces que ningún ente puede ser al mismo tiempo, por ejemplo, "papel y no-papel"; si bien ello puede ocurrir en tiempos distintos, porque si se quema la hoja de papel, éste deja de ser papel, y se convierte en cenizas (no-papel).






c) El principio de tercero excluido dice que "todo ente tiene que ser necesariamente 'P' o 'no-P' ". Para retomar el ejemplo anterior: todo ente tiene que ser papel o no-papel (entendiendo por "no-papel" todos los infinitos entes que haya, menos el papel); porque, en efecto, si se trata de cenizas, será no-papel; si se trata de un ángel, será no-papel, etc. Como forzosamente tiene que tratarse de una de las dos posibilidades -o P o no-P-, excluyéndose absolutamente una tercera, por ello el principio se llama de "tercero excluido". (Obsérvese, como una aplicación de este principio, que en matemáticas las llamadas demostraciones por el absurdo se apoyan en él).






d) El principio de razón suficiente, o simplemente principio de razón (o del fundamento), conocido también como principio de Leibniz, porque este filósofo lo enunció por primera vez, afirma que "todo tiene su razón o fundamento"; o, dicho negativamente, que no hay nada porque sí. El hecho de que el lector esté leyendo estas líneas, v.gr. tiene su razón, su fundamento; como, digamos, el deseo de enterarse de qué es la filosofía. El principio sostiene que no puede haber nada absolutamente que no tenga su respectivo fundamento; no sostiene, ni mucho menos, que se conozca ese fundamento, porque en efecto ocurre muchísimas veces que se desconoce el fundamento o razón de tal o cual ente. No se sabe, por ejemplo, la causa de una cierta enfermedad, como el glaucoma, pero ello no significa que no tenga su fundamento; casos como éste no hablan contra el principio de razón, sino más bien contra nuestra capacidad para penetrar en las cosas y determinar sus respectivas razones.



Fuente: Carpio, A. P. PRINCIPIOS DE FILOSOFÍA, UNA INTRODUCCIÓN A SU PROBLEMÁTICA.

octubre 08, 2010

La Relatividad



Básicamente, hablando en general, la filosofía ha evolucionado tomada de la mano de la ciencia. Ya que como es conocido, la filosofía es muy amplia, por ejemplo, se puede hablar desde el mundo subjetivo hasta el mundo objetivo.







Folosóficamente sobre el significado de “ciencia”, se puede tomar desde un punto tan general como específico se desee. Todo es cuestión de que tan a fondo se quiera llegar en el campo sobre el que se va a hablar y si se le puede o no considerar ciencia, o de qué depende para llamarse ciencia.







La ciencia según mi concepto general y que en base a mi experiencia he podido desarrollar, la puedo describir como un concepto que usualmente se utiliza para referirse al conocimiento sistematizado en cualquier campo, pero que suele aplicarse a la organización de la experiencia de las percepciones que son objetivamente comprobables. Alguna diferencia marcada en la ciencia se puede distinguir entre lo conceptual y lo aplicado.







Me gustaría enfocarme en la relación que existe entre la filosofía y la ciencia cuando a mi parecer hay circunstancias en las que se encuentran estrechamente relacionadas y no individuales como es habitual verse.







Algunos grandes científicos mostraron interés por la filosofía de la ciencia, como Galileo, Isaac Newton y Albert Einstein; los cuales hicieron importantes contribuciones. Muchos científicos, desafortunadamente se han dado por satisfechos dejando la filosofía de la ciencia a los filósofos, y han preferido dedicarse de lleno a la ciencia.







Entre los filósofos, la filosofía de la ciencia ha sido siempre un problema central; dentro de la tradición occidental. Entre las figuras más importantes anteriores al siglo XX destacan Aristóteles, René Descartes, John Locke, David Hume, Immanuel Kant y John Stuart Mill.







La filosofía de la ciencia no se denominó así hasta la formación del Círculo de Viena, a principios del siglo XX. En la misma época, la ciencia vivió una gran transformación a raíz de la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica. En la filosofía de la ciencia actual las grandes figuras que destacan son, Karl R. Popper, Thomas Kuhn, Imre Lakatos y Paul Feyerabend.







La meta de la ciencia aristotélica era explicar “por qué” pasan las cosas. La ciencia moderna nació cuando Galileo empezó a tratar de explicar “cómo” pasan las cosas. De los descubrimientos de Galileo y de Newton, en la siguiente generación, surgió un universo mecánico, de fuerzas, presiones, tensiones, oscilaciones y ondas. Al parecer, no existía fenómeno alguno en la naturaleza que no pudiese ser descrito en términos de nuestra experiencia ordinaria, formado por un modelo concreto o predicho por las leyes mecánicas asombrosamente exactas de Newton.







El filósofo inglés John Locke trató de penetrar en la “esencia real de las sustancias” distinguiendo entre lo que llamaba las cualidades primarias y secundarias de la materia. Así consideró que la forma, movimiento, solidez y todas las propiedades geométricas eran cualidades reales o primarias, inherentes al objeto; mientras que las propiedades secundarias, como los colores, sabores, etc., eran simples proyecciones sobre los órganos sensorios.







Como dijo Berkeley, el archienemigo del materialismo: “Todo el coro del cielo y todas las cosas de la tierra, en una palabra, todos los cuerpos que forman la poderosa estructura del mundo, no poseen sustancia alguna sin nuestra mente… y mientras no sean percibidos por mí, o existan en mi mente o en la de cualquier otro espíritu creado, no tienen existencia alguna o bien subsisten en la mente de algún Espíritu Eterno”.







Berkeley, Descartes y Spinoza atribuyeron a Dios una armonía funcional de la naturaleza. Los físicos modernos, que prefieren resolver sus problemas sin recurrir a Dios –aunque esto parece ser cada día más difícil–, ponen de relieve que la naturaleza obra misteriosamente según principios matemáticos. Es precisamente la integridad matemática la que permite a los teóricos como Einstein predecir y descubrir leyes naturales simplemente mediante la solución de ecuaciones.







Born, pensó que la intensidad de cualquier parte de una onda era la medida de la distribución probable de partículas en ese punto. De esta manera, las ondas de materia fueron reducidas a ondas de probabilidad.







La mayoría de los físicos actuales consideran ingenuo especular sobre la verdadera naturaleza de cualquier cosa. Son empiristas lógicos que sostienen que un científico no puede hacer más que reportar sus observaciones. Por ejemplo, si al efectuar dos experimentos con diferente instrumental, uno parece indicar que la luz esta compuesta de partículas y el otro que está compuesta de ondas, debe aceptar ambos resultados, considerándolos no como contradictorios, sino como complementarios; por sí solo, ninguno de los dos conceptos es suficiente para explicar la luz, pero juntos sí pueden hacerlo. Ambos conceptos son necesarios para describir la realidad y no tiene sentido preguntar cual es realmente verdadero, pues en el léxico abstracto de la física cuántica no existe la palabra realmente.







La física cuántica demuele dos pilares de la vieja ciencia, causalidad y determinación, pues al trabajar con estadísticas y probabilidades abandona toda idea de que la naturaleza exhibe un orden irremediable de causa y efecto. Y al admitir los márgenes de incertidumbre abandona la antigua esperanza de que la ciencia, dados el estado presente y la velocidad de todos los cuerpos materiales del universo, pueda predecir la historia del cosmos en todos los tiempos. Un producto derivado de este abandonar esa esperanza es un nuevo argumento a favor de la existencia del libre albedrío. Porque si los sucesos físicos son indeterminados y el futuro no se puede predecir, algo llamado “mente” puede guiar el destino humano por las infinitas incertidumbres de un universo caprichoso. Desafortunadamente, esto invade regiones del pensamiento que no le conciernen al científico… pero tampoco al psicólogo.







Con la evolución de la física cuántica, la barrera que se levanta entre el hombre, que divisa a través de las nubladas ventanas de sus sentidos, y cualquier realidad objetiva que pueda existir, se ha vuelto insalvable. Ya que cuando intenta penetrar y espiar en el mundo objetivo real, lo cambia y distorsiona por el mero hecho de observarlo, y cuando trata de divorciar este mundo real de sus percepciones sensoriales, no le queda más que un esquema matemático.







El físico del siglo XIX representaba la electricidad como un fluido, y con esta metáfora en mente, desarrolló las leyes que generaron nuestra presente era eléctrica, el físico del siglo XX ahora trata de evitar metáforas. Sabe que la electricidad no es un fluido, y que conceptos plásticos tales como onda y partícula, si bien sirven de guías para nuevos descubrimientos, no deben ser aceptados como representaciones exactas de la realidad. En el lenguaje abstracto de las matemáticas, describe el comportamiento de las cosas, no obstante no sabe lo que son.







Adicionalmente, Einstein expresó más de una vez su esperanza de que el método estadístico de la física cuántica no sea más que un expediente transitorio. “No puedo creer –dijo– que Dios juegue a los dados con el mundo”. Repudia la doctrina positivista de que la ciencia sólo puede reportar y poner en relación recíproca los resultados de la observación; cree en un universo de orden y armonía, y cree que buscando, el hombre puede alcanzar aún el conocimiento de la realidad física.







Einstein aseguró que las leyes de la naturaleza son iguales para todos los sistemas que se mueven uniformemente. Esta declaración, es la esencia de la teoría especial de la relatividad. Incorpora el principio de relatividad de Galileo, que declara que las leyes mecánicas son las mismas para todos los sistemas que se mueven uniformemente, postulando finalmente que todos los fenómenos de la naturaleza, todas las leyes son los mismo para todos los sistemas que se mueven uniformemente unos respecto de otros.







Junto con el de espacio absoluto, Einstein descartó el concepto de tiempo absoluto; gran parte de la oscuridad que ha envuelto la teoría de la relatividad se origina en la antipatía humana a reconocer que el sentido del tiempo, como el del color, es una forma de percepción. Tal como no existe el color sin un ojo que lo perciba, así, un instante o una hora o un día son nada sin un acontecimiento que los señale, y tal como el espacio es simplemente un orden posible de objetos materiales, así el tiempo es simplemente un orden posible de acontecimientos. Pero nuestra noción del tiempo pierde sentido cuando la ciencia estudia zonas alejadas de la vecindad del Sol. Porque la relatividad nos dice que no existe un intervalo fijo de tiempo que sea independiente del sistema a que es referido; no existe la simultaneidad, no existe el “ahora” independiente del sistema de referencia. El hombre no puede asumir que su sentido subjetivo de “ahora” puede aplicarse a todas las partes del universo.







La relatividad por lo tanto, no contradice a la física clásica, simplemente considera los viejos conceptos como casos limitados, aplicables únicamente a las experiencias ordinarias del hombre.







La humanidad define a la realidad solamente tal y como la percibe a través de la pantalla de sus sentidos; la relatividad demuestra que no podemos predecir los fenómenos que acompañan a las grandes velocidades a partir del vago comportamiento de los objetos visibles al “somnoliento” ojo humano. Tampoco se puede asumir que la relatividad trata de casos excepcionales, sino que dan una imagen comprensiva de un universo increíblemente complejo, en el cual los simples acontecimientos mecánicos de nuestra experiencia terrestre son las excepciones.







Antes de conocerse la teoría de la relatividad, los científicos se imaginaban el universo como un vaso que contenía dos elementos distintos, masa y energía, pero Einstein demostró que la masa y la energía son equivalentes, la propiedad llamada masa es simplemente energía concentrada. En otras palabras, materia es energía y energía es materia, y la distancia se refiere sólo a un estado transitorio.







Todos estos conceptos describen simplemente diferentes manifestaciones de la misma realidad, donde ya no tiene sentido preguntar lo que realmente es cada una de ellas.







El movimiento puede descubrirse sólo como un cambio de posición con respecto a otro cuerpo. Hace cuatro siglos el hombre pensaba que el cambio de posición del Sol en el cielo revelaba su movimiento alrededor de la Tierra; y sobre esta hipótesis, los astrónomos de la antigüedad desarrollaron un sistema perfectamente práctico de mecánica celeste, que les permitía predecir con gran exactitud los principales fenómenos del cielo. Su suposición era natural, pues no podemos “sentir” nuestro movimiento a través del espacio, ningún experimento físico –hasta el momento- ha demostrado que la Tierra está realmente en movimiento, y aunque todos los otros planetas, estrellas, galaxias y sistemas móviles del universo están incesante e incansablemente cambiando de posición, sus movimientos son observables, únicamente al comparar unos con otros.







Einstein, cuya filosofía de la ciencia ha sido tildada a veces de materialista, dijo: “La emoción más hermosa y profunda que podemos experimentar es la sensación de lo místico; es la semilla de toda ciencia verdadera; aquel que es ajeno a esta emoción que no puede maravillarse y quedar sobrecogido de terror esta de hecho muerto. El saber que lo que es impenetrable a nosotros existe, realmente y se manifiesta como la mayor sabiduría y la más radiante belleza que nuestras obtusas facultades pueden conocer solamente en sus formas más primitivas, saber esto, sentirlo, es tocar en el centro de la verdadera religiosidad.”







Y en otra ocasión declaró, “la experiencia religiosa cósmica es el resorte más fuerte y noble de la investigación científica.”







La mayoría de los científicos al hablar de los misterios del universo, sus vastas fuerzas, sus orígenes, su racionalidad y su armonía, tienden a evitar el uso de la palabra de Dios. Sin embargo, Einstein que ha sido llamado un ateo, no tuvo estas inhibiciones: “Mi religión –dijo– consiste en una humilde admiración por el ilimitable espíritu superior que se revela a sí mismo en los pequeños detalles que podemos percibir con nuestras mentes frágiles y débiles. Esa profunda convicción emotiva de la presencia de un poder razonador superior, que se revela en el incomprensible universo, forma mi idea de Dios.”







El filósofo y el místico, así como el científico, siempre han buscado, mediante sus disciplinas de introspección, llegar al conocimiento de la esencia final e inmutable en que se sustenta este mundo ilusorio y cambiante. Hace más de 23 siglos, Platón dijo: “el verdadero amante del conocimiento se pregunta continuamente por “el ser”… no se detiene en los fenómenos cuya existencia es pura apariencia.”







Pero lo irónico que la búsqueda de la realidad encierra es que, a medida que se conoce a la naturaleza, que el orden emerge del caos, que los conceptos se fundan y las leyes fundamentales alcanzan formas más simples, hace más lejana a la experiencia –más extraña e irreconocible que la estructura ósea que se halla detrás de una cara familiar.







Al tratar de distinguir la apariencia de la realidad y poner al descubierto la estructura fundamental del universo, la ciencia ha tenido que trascender “la turbamulta de nuestros sentidos”.







Un concepto teórico está vacío de contenido en el mismo grado en que se halla divorciado de nuestra experiencia sensorial ya que el único mundo que el hombre puede conocer verdaderamente es el que le han creado sus sentidos. Si se borraran todas las impresiones que nos comunican y que la memoria conserva, nada quedaría para interpretar la naturaleza.







Un estado de existencia carente de asociaciones no tiene sentido. Así, paradójicamente, a lo que el científico y el filósofo llaman el mundo de la apariencia –el mundo de la luz y el calor, de los cielos azules y las hojas verdes, del viento silbante y el agua que murmura, el mundo dibujado por la fisiología de los órganos sensoriales humanos– es el mundo en el que el hombre finito se encuentra encarcelado por su naturaleza esencial. Y lo que los científicos y filósofos llaman el mundo de la realidad –el cosmos sin color, sin sonido, impalpable, que reposa como un témpano más allá del plano de las percepciones humanas– es un esqueleto de estructura compuesto de símbolos.







Mientras los físicos del siglo pasado sabían, por ejemplo, que el carmín de una rosa era una sensación estética subjetiva, creían que en “realidad” la cualidad que llamaban carmín era una oscilación del éter. Actualmente, es una convención identificar el carmín con una determinada longitud de onda, pero es igualmente propio pensar que es el valor del contenido energético de los fotones. Así, en lugar de engañosas y caóticas representaciones dadas por los sentidos, la ciencia ha puesto sistemas de simbolismos variantes.







Como estos sistemas se distinguen por un constante incremento de su exactitud matemática, es difícil encontrar hoy en día un científico que se crea por su habilidad en descifrar errores previos capaces de enunciar verdades definitivas. Los teóricos modernos se dan cuenta, como Newton, que están puestos de pie sobre los hombros de gigantes y que su perspectiva particular parecerá tan distorsionada a la posteridad como a ellos les parece ahora la de sus predecesores*.







“La cárcel –decía Platón– es el mundo de la vista” cualquier vía posible para escape de esta cárcel que la ciencia ha explorado se hunde todavía más en una nebulosa región de simbolismo y abstracción.







Esta claro, que mientras el hombre ha pasado a través del tiempo, ha tenido que cambiar su forma de razonar los mismos eventos, lo que quiere decir, que mantiene una constante búsqueda de la realidad pero que cada vez cuenta con mayores elementos para responder a esa interrogante, aunque siempre se esté a años luz de encontrarla. Sin embargo, no quiere decir, que lo que el hombre a hallado en sus razonamientos, no significa que estén herrados, pues responde a sus necesidades del momento, y tal vez ahí se deduzca que, cuando el hombre se haga la pregunta correcta la necesidad real , encontrará la respuesta correcta, un modelo multifuncional que todo lo explique.







Se creía que la relatividad y todas sus implicaciones, así como su relación con la mecánica cuántica sería casi imposibles de sobrepasar a su comprensión, no obstante, actualmente se ha encontrado una teoría aun más compleja que esta, donde los físicos plantean que todas las dimensiones coexisten en un mismo tiempo y espacio, que una repercute en la otra en un orden descendente a la cual se le ha denominado “teoría de supercuerdas” o “cuerdas”.







Todos los grandes caminos del intelecto, todos los atajos y veredas de la teoría y la conjetura conducen en últimas instancias a un abismo que el ingenio humano no podrá salvar nunca. Porque el hombre está encadenado por la propia condición de su “ser”, su finitud y su estar comprometido en la naturaleza. Cuanto más extiende sus horizontes, tanto más vívidamente reconoce que, como dijo el físico Niels Bohr; “somos espectadores y actores del gran drama de la existencia”. El hombre es, por lo tanto, para sí mismo el más grande misterio. No entiende el vasto y velado universo en que ha sido moldeado por la simple razón de que no se entiende a sí mismo. Sabe muy poco de sus procesos orgánicos y menos aún de su excepcional capacidad de percibir el mundo que lo rodea, de razonar y soñar. Menos aun entiende su más noble y misteriosa facultad: la capacidad de trascenderse a sí mismo y verse en el acto de la percepción.

agosto 24, 2010

Bebidas Energéticas



¿Usted cree que las bebidas energéticas son sanas?


Por: Natalia do Vale, Yahoo! Brasil










Muchos las usan para enfrentar las exigencias de una jornada de fiesta, o para espantar el cansancio de una noche mal dormida. Las bebidas energéticas, también conocidas como "gaseosas para adultos", tienen muchos adeptos por diversas razones.










Y se trata de un producto de popularidad creciente: en países como Brasil su consumo creció casi 50 por ciento entre 2008 y 2009, según números oficiales de los industriales del sector de bebidas gaseosas y no alcohólicas.










Las bebidas energéticas generalmente están asociadas a fiestas, y suelen mezclarse con bebidas alcohólicas. En su fórmula predominan las sustancias estimulantes, que dan más aguante al organismo durante un período determinado. Paradójicamente, los comerciales que las promueven las relacionan con hábitos de vida saludables, como la práctica deportiva. En muchos países, las marcas de bebidas energéticas incluso patrocinan a los deportes más populares, o a campeones del deporte olímpico.










Pero, ¿será que las bebidas energéticas ofrecen verdaderas ventajas a la salud de quienes las consumen? O, por el contrario efectos perniciosos a la salud. ¿Generan dependencia? Para responder a esas y otras preguntas sobre el tema, Mi Vida conversó con varios especialistas que darán sus evaluaciones sobre las ventajas y desventajas del consumo de ese tipo de bebidas.










A continuación el fisiólogo especializado en medicina deportiva, Jorge Zogaib; el entrenador personal Edson Ramalho; las nutricionistas Roberta Stella y Patrícia Ramos, y el médico clínico Flavio Tocci darán las respuestas a las dudas más frecuentes sobre las bebidas isotónicas.










¿Qué es una bebida energética?










Se trata de bebidas a base de cafeína y otras sustancias estimulantes como la taurina y la glucoronolactona, que potencian la respuesta del cerebro a os estímulos, dejando el cuerpo más activo o acelerado. La fórmula de ese tipo de bebidas hace que la persona se sienta con mucho vigor durante algunas horas, con una mayor disposición a la actividad. Pero la acción de los energéticos también tiene un efecto rebote en el organismo. "No es tan cierto que te dan energía; pasado el efecto te sentirás más cansado y se empiezan a sentir los efectos del estrés muscular", explica el fisiólogo Paulo Zogaib. Si son consumidas en exceso, las sustancias estimulantes causan ansiedad, agitación, cefalea, y en algunos casos presentan un grado de toxicidad cuestionable, como sucede con la taurina y la glucoronolactona. "Se trata de sustancias que alteran el funcionamiento de nuestro organismo de forma brusca, por lo que deben ser ingeridas con moderación y cierta cautela", previene Zogaib.










¿Las energéticas hidratan el cuerpo?













Al contrario, son bebidas diuréticas que llevan al organismo a eliminar líquidos. Según la nutricionista Roberta Stella, la principal capacidad de los energéticos es aumentar la resistencia física debido a la presencia de la cafeína en su composición. "No fueron productos desarrollados pensando en la hidratación, y por eso no deben percibirse con esa finalidad; para hidratar, nada mejor que el agua", puntualiza Stella.










¿Por qué la combinación con el alcohol es peligrosa?










Cuando se los consume en combinación con el alcohol, los energéticos provocan el aumento de la adrenalina, palpitaciones, sudores y, dependiendo de la cantidad ingerida, pueden llevar a la deshidratación, porque se trata de dos bebidas con propiedades diuréticas. Según Claudio Zogaib, la combinación del energético con el alcohol es peligrosa, porque lleva a excesos de ingestión en ambas sustancias. "El alcohol es un depresor del sistema nervioso central, porque retarda las respuestas del cerebro a los estímulos; las bebidas energéticas son estimulantes, y por lo tanto cuando ingerimos alcohol se necesita aumentar las dosis de energéticos para lograr el efecto deseado de euforia y bienestar. Quienes beben esa mezcla quedan más acelerados por la acción de los estimulantes, y más desinhibidos por la acción del alcohol, lo cual puede ser peligroso", afirma Zogaib.










¿Las bebidas energéticas son lo mismo que las isotónicas?










No, y confundir unas con otra puede ser peligroso y causar problemas graves de deshidratación. De acuerdo a una investigación realizada en diciembre de 2009 por la Universidad Federal de Sao Paulo, Brasil, el 20 por ciento de las personas que beben energéticos los consumen en los gimnasios como si se tratase de isotónicos (bebidas con un agregado de sodio, sales y glucosa muy consumidas por los deportistas para hidratarse). Las bebidas energéticas fueron creadas para amenizar la sensación de cansancio y decaimiento, mientras los isotónicos tienen como objetivo reponer el agua y las sales minerales que perdemos tras una actividad extenuante. "Los energéticos aceleran nuestro cerebro y nuestras funciones, camuflando la sensación de cansancio. En cambio los isotónicos reponen nutrientes importantes. Cambiar uno por otro puede comprometer la salud y el desempeño de quienes no están atentos a las diferencias", explica la nutricionista Ramos.










¿Hace mal tomar los energéticos en ayunas?










El riesgo de tomar un estimulante con el estómago vacío, está ligado a la absorción de las sustancias por el organismo. "Un refresco energético que se toma en ayunas puede comprometer las funciones del estómago y de todo el aparato digestivo, además de potenciar los efectos de la bebida en la medida en que su absorción se hace más rápida y sus efectos más intensos", previene el fisiólogo Zogaib.










Beber sólo un energético, sin combinarlo con alcohol, ¿puede perjudicar la salud?










Los médicos consultados aseguran que los energéticos a solas también hacen mal. Pero que son más peligrosos combinados con bebidas alcohólicas u otras substancias, gracias a la fuerte presencia de cafeínas y estimulantes similares.










¿Las bebidas estimulantes perjudican el sueño?










Claro, porque en un primer momento se pierde el sueño y la persona queda acelerada. Pero cuando se termina el efecto el organismo necesita compensar las horas de sueño y tiende a dormir más, para compensar el sueño perdido.

enero 15, 2009

ESPACIO Y TIEMPO







A quien no es matemático lo sobrecoge un misterioso escalofrío cuando oye hablar de objetos "cuatridimensionales" como si se tratara de conceptos ocultos. Y, sin embargo hay afirmación más trivial que decir que nuestro mundo es un espaciotiempo continuo cuatridimensional.




LA TEORÍA de la relatividad de Einstein alteró básicamente nuestros conceptos de espacio y tiempo, que dejaron de ser categorías independientes para fusionarse en un solo concepto: el espaciotiempo.




El espacio posee tres dimensiones: esto quiere decir que, para determinar la posición de un punto, se necesita un sistema de referencia y tres números (llamados coordenadas) (Figura 1). O, dicho de otro modo, que todo cuerpo posee altura, anchura y profundidad. El tiempo, por otro lado, es unidimensional y sólo se necesita un número para precisar un intervalo de tiempo. En la mecánica clásica, el espacio y el tiempo eran dos absolutos, independientes entre sí. En la teoría de la relatividad, se unen para formar el espaciotiempo de cuatro dimensiones: tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal; cada "punto" del espaciotiempo es un suceso que se caracteriza con cuatro números: tres par describir la posición donde ocurre y uno para determinar el tiempo al que sucede. El hecho de que el espaciotiempo tenga cuatro dimensiones no es nada sorprendente, al contrario de lo que podría sugerir la idea de una cuarta dimensión. Lo único novedoso es que las cuatro coordenadas del espaciotiempo aparecen unidas en la teoría de la relatividad, mientras que en la física clásica están disociadas en tres espaciales y una temporal.





Incluso, el espaciotiempo de cuatro dimensiones posee propiedades geométricas bien establecidas. Esto lo demostró en forma convincente el matemático Herman Minkowski, poco después de que apareciera la teoría de la relatividad. Los fenómenos físicos ocurren en el espaciotiempo que los físicos y matemáticos llaman espacio de Minkowski, un espacio de cuatro dimensiones en el que cada punto es un suceso y en el que se puede, incluso, definir la "distancia" entre sucesos {Para más detalles, véase S. Hacyan. Los hoyos negros y la curvatura del espaciotiempo, FCE. La Ciencia desde México, núm. 50, 1988.}.








Figura 1. Un sistema de coordenadas permite localizar un punto en el espacio usando tres números: x, y, z.






LA CONTRACCIÓN DEL TIEMPO


Evidentemente, la contracción relativista del tiempo es muy importante en el caso de las partículas que se mueven a velocidades cercanas a la de la luz. Los físicos que estudian las partículas elementales utilizan aceleradores de partículas, que son aparatos que imprimen una velocidad, cercana a la de la luz, a electrones, protones o núcleos atómicos. Estas partículas, al chocar entre sí, se "rompen", o, más precisamente, producen nuevas partículas al transformar su energía en masa. En este tipo de experimentos, el uso de la mecánica relativista es tan común como lo es el uso de la mecánica newtoniana a un ingeniero que construye edificios o puentes.


Supongamos que, alguna vez en el futuro, la humanidad llega a disponer de naves espaciales capaces de viajar a una velocidad cercana a la de la luz. Los dos sistemas de referencia a considerar son, entonces, la Tierra y la nave espacial. ¿Cómo se relacionan entre sí los tiempos medidos en esos dos sistemas?



Supongamos, por ejemplo, que una nave espacial viaja a la estrella más cercana, Alfa Centauri, que se encuentra a cuatro años luz de distancia. Al tratar distancias cósmicas utilizaremos el año luz como unidad de medida: es la distancia recorrida por la luz en un año y equivale a unos nueve billones de kilómetros. Los tripulantes de la nave no sentirán nada en particular con respecto a su tiempo pues sus relojes marcharán normalmente. Será a su regreso a la Tierra cuando notarán que los relojes terrestres y los de la nave no coinciden: el tiempo medido en la nave, desde que salió hasta que regresó, será un factor [raíz cuadrada(1-(v2/c2))] veces más corto que el mismo periodo de tiempo medido en la Tierra.



Algunos ejemplos cuantitativos ilustrarán este efecto: Si la nave espacial viaja a una velocidad de "sólo" 100 000 kilómetros por hora, por ejemplo, tardará unos 80 000 años en llegar a Alfa Centauri y regresar a la Tierra: el tiempo transcurrido en la nave será sólo unas tres horas más corto que el registrado en la Tierra. Pero si la velocidad de la nave espacial es cercana a la de la luz, la contracción del tiempo se manifestará en toda su magnitud: si la nave viaja a 299 000 kilómetros por segundo, transcurrirán poco más de ocho años, medidos en la Tierra, desde el momento en que despega la nave hasta que regresa, pero para los tripulantes habrán pasado ¡solamente siete meses!; y si el viaje se realiza al centro de nuestra Galaxia; distante 30 000 años luz, a la misma velocidad de 299 000 kilómetros por segundo, entonces pasarán 60 000 años en la Tierra, pero ese mismo viaje durará sólo 4 400 años para los tripulantes de la nave espacial; quizás puedan permanecer en hibernación durante ese tiempo, pero cuando regresen, la Tierra será muy distinta a como la dejaron.


Los vehículos espaciales lanzados en la actualidad están muy lejos de alcanzar velocidades cercanas a la luminosa. Para ellos, el efecto de la contracción del tiempo es extremadamente pequeño, pero no despreciable si se quieren realizar mediciones de muy alta precisión. Las variaciones relativistas del tiempo se toman en consideración, como parte de la rutina para guiar los satélites artificiales y determinar su posición con gran exactitud.

La contracción del tiempo que ocurre en un viaje interestelar a gran velocidad parecería conducir, a primera vista, a una contradicción con el principio de la relatividad. En efecto, consideremos el caso de dos gemelos, uno de los cuales se queda en la Tierra y el otro realiza un viaje a las estrellas con una velocidad cercana a la de la luz. Como indicamos anteriormente, el gemelo viajero regresará a la Tierra más joven que su hermano que se quedó. Pero, de acuerdo con el principio de relatividad, el tripulante de la nave espacial puede afirmar que él está en reposo y es la Tierra la que se mueve; ningún experimento físico puede demostrarle lo contrario. Sin embargo, de acuerdo con esta interpretación, el gemelo que permaneció en la Tierra debe ser el más joven, cuando la Tierra se "vuelva a unir" con la nave espacial. Ésta es la llamada Paradoja de los gemelos. Contrariamente a lo que piensa la gente, la paradoja no es el hecho de que un gemelo envejezca más rápido que otro, sino en el razonamiento capcioso que sugería que los dos gemelos concluirían que es el otro quien envejecería más. Como se ha visto los cálculos de los dos gemelos concuerdan en que será el gemelo terrestre quien envejecerá más.

La situación anterior se puede ver más claramente si suponemos que una cámara y un receptor de televisión se encuentran en la nave espacial. ¿Cómo se verían mutuamente los que se quedan en la Tierra y los que viajan? Hay que tomar en cuenta que, además de la contracción relativista del tiempo, también influye el hecho de que la distancia entre la Tierra y la nave aumenta gradualmente, por lo que las señales luminosas tardan cada vez más en llegar de un sistema al otro. Si se toman en cuenta estos dos efectos combinados —contracción del tiempo y retraso de la luz— resulta que el tiempo en un sistema se ve transcurrir más rápidamente o más lentamente en otro sistema según si ambos sistemas se acercan o se alejan. Así, mientras la nave espacial se aleja, veremos que los relojes, y todos los procesos físicos en él, caminan más lentamente, como si estuviéramos observando el interior de la nave en cámara lenta. Durante el recorrido de regreso, mientras la nave se acerca a la Tierra, sucederá lo contrario: el tiempo en la nave visto desde la Tierra, o viceversa, parecerá transcurrir más rápidamente, y cada observador, en la Tierra y en la nave espacial, verá al otro como en cámara rápida. Al llegar el vehículo espacial a la Tierra, podrán comparar sus calendarios y restará que, de todos modos, el tiempo transcurrido en la nave es menor por un factor tal como indicamos más arriba. Por supuesto, la aparente contracción o dilatación del tiempo es un efecto notable sólo para velocidades cercanas a la de la luz.

Hasta aquí hemos considerado sólo viajes interestelares a velocidad constante. En esa situación, los pasajeros de una nave espacial no podrían percatarse, mediante la observación de efectos físicos, si se mueven o si se encuentran varados en el espacio: mientras la velocidad de la nave no cambie, sus pasajeros permanecerán flotando ingrávidamente en él. Pero en un viaje más realista, la velocidad del vehículo espacial debe empezar desde cero, acelerarse para aumentar progresivamente su velocidad y, en algún momento, empezar a frenarse para llegar a su destino con velocidad cero. Hay muchas maneras de lograr un viaje con estas características, pero el recorrido más sencillo es uno en el que la velocidad se aumenta uniformemente, es decir, se mantiene una aceleración constante. En la física clásica, un cuerpo que se acelera constantemente aumenta indefinidamente su velocidad; pero cuando la velocidad empieza a acercarse a la de la luz, surgen efectos relativistas que hay que tomar en cuenta: se puede demostrar que la velocidad del cuerpo se acerca gradualmente a la velocidad de la luz, pero sin alcanzarla nunca.


Para los tripulantes de un vehículo espacial, lo más cómodo es que la aceleración sea de unos 9.8 m/seg2 (es decir, la velocidad aumenta 9.8 metros por segundo cada segundo), o sea; 1 g, la aceleración con que los cuerpos caen en la superficie terrestre debido a la gravedad. De esa forma, los tripulantes se sentirán en cada momento como si estuvieran en la Tierra, en lugar: de flotar ingrávidamente (recuérdese que en un vehículo que se acelera, aparece una fuerza inercial que atrae a los ocupantes hacia la parte trasera del vehículo).

Así, un posible itinerario de viaje para ir de la Tierra a una estrella lejana podría ser el siguiente: la nave espacial se acelera uniformemente, aumentando cada vez más su velocidad hasta que, a la mitad del trayecto, el vehículo rota 180 grados y, a partir de ese momento, los motores de la nave la desaceleran (en la segunda parte del trayecto, el techo y el piso del vehículo espacial deben intercambiarse); finalmente, la nave llega a su destino con velocidad cero y sus tripulantes pueden aterrizar en algún planeta de la estrella a la que se dirigieron. El viaje de regreso es semejante: en la primera mitad del trayecto la nave se acelera y en la segunda mitad se desacelera, llegando a la Tierra con velocidad cero para poder aterrizar.

Veamos ahora cuánto tarda un paseo como el descrito. A la aceleración de 1 g, un viaje de ida y vuelta a Alfa Centauri, a cuatro años luz de distancia, tardaría unos 11 años y cuatro meses para los que se quedan en la Tierra, pero sólo siete años para los pasajeros de la nave espacial, debido a la contracción del tiempo. Si el viaje es más largo la diferencia de los tiempos es más notable: por ejemplo, al centro de nuestra galaxia, que se encuentra a 30 000 años luz, el viaje de ida y vuelta tardaría 60 000 años medidos en la Tierra y sólo 40 años para los viajeros
cósmicos; la nave espacial alcanzaría una velocidad máxima que sólo difiere una 2 000 millonésima de la velocidad de la luz; sus tripulantes regresarán cuando quizás ya no exista el género humano. 
 
{Fragmento de RELATIVIDAD PARA PRINCIPIANTES del FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, 1989, ISBN 968-16-3152-8}

diciembre 01, 2008

When Does Your Brain Stop Making New Neurons?



The scientists are not so naive as to think they have discovered a magic wand that can turn animosity into compassion and hatred into benevolence, but the tarantula definitely raised their hopes. Over the years psychologists Phillip Shaver and Mario Mikulincer had uncovered more and more evidence that people's sense of emotional security shapes whether they become altruistic or selfish, tolerant or xenophobic, open or defensive. Once upon a time, that would have been that, for whatever their roots such traits were thought to be, by adulthood, as hard-wired as a computer's motherboard.




But with the new millennium scientists were finding that brain wiring can change, even in adults. That got Shaver, a professor at the University of California, Davis, and Mikulincer, at Israel's Bar-Ilan University, thinking: could they activate unused or dormant circuits to trigger the sense of emotional security that underlies compassion and benevolence? To find out, they gave volunteers overt or subliminal cues to activate brain circuitry encoding thoughts of someone who offered unconditional love and protection--a parent, a lover, God. The goal was to induce the feeling of security that makes it more likely someone will display, say, altruism and not selfishness. It worked. People became more willing to give blood and do volunteer work, and less hostile to ethnic groups different from their own. Offered a chance to inflict pain on an Israeli Arab with whom they were paired in an experiment (serving him painfully spicy hot sauce), Israeli Jews did not dole it out as they did without the security-circuit activation. They held back. And when they saw a young woman distraught over having to pick up a tarantula as part of an experiment, they volunteered to take her place.




OK, so they didn't all sign up to work in Darfur. But as recently as a decade ago, proposing that an adult brain could be rewired for compassion--or anything else, for that matter--without experiencing a life-altering epiphany would have been career suicide for a neuroscientist. Not anymore. Experts are overthrowing the old dogma that, by the ripe old age of 3, the human brain is relatively fixed in form and function. Yes, new memories could form, new skills could be mastered and wisdom could (in some) be gained. But the basic cartography of the adult brain was thought to be as immutable as the color of your eyes. This "neurological nihilism," as psychiatrist Norman Doidge calls it in his recent book, "The Brain That Changes Itself," "spread through our culture, even stunting our overall view of human nature. Since the brain could not change, human nature, which emerges from it, seemed necessarily fixed and unalterable as well."




But the dogma is wrong, the nihilism groundless. In the last few years neuroscientists have dismantled it pillar by pillar, with profound implications for our view of what it means to be human. "These discoveries change everything about how we should think of ourselves, who we are and how we get to be that way," says neuro-scientist Michael Merzenich of the University of California, San Francisco. "We now know that the qualities that define us at one moment in time come from experiences that shape the physical and functional brain, and that continue to shape it as long as we live."




The brain remains a work in progress even on so basic a parameter as its allotment of neurons. For decades, scientists assumed that adding new neurons to this intricate machine could only spell trouble, like throwing a few extra wires into the guts of your iPod. But in 1998 Peter Eriksson of Sweden's Sahlgrenska University Hospital and colleagues discovered that brains well into their 60s and 70s undergo "neurogenesis." The new neurons appear in the hippocampus, the structure deep in the brain that takes thoughts and perceptions and turns them into durable memories. And studies in lab animals show that the new neurons slip into existing brain circuits as smoothly as the Beckhams onto the Hollywood A list.




Brain structure is also malleable, recording the footprints of our lives and thoughts. The amount of neural real estate devoted to a task, such as playing the violin, expands with use. And when an area of the brain is injured, as in a stroke, a different region--often on the mirror-image side--can take over its function. That overthrew the long-held view called "localizationism," which dates back to 1861, when French surgeon Paul Broca linked the ability to speak to a spot in the left frontal lobe. But contrary to the belief that particular regions are unalterably wired for specific functions, even one as basic as the visual cortex can undergo a career switch. In people who lose their sight at a young age, the visual cortex processes touch or sound or language. Receiving no signals from the eyes, the visual cortex snaps out of its "waiting for Godot" funk and reactivates dormant wires, enabling it to perform a different job.




If something as fundamental as the visual cortex can shrug off its genetic destiny, it should come as little surprise that other brain circuits can, too. A circuit whose hyperactivity causes obsessive-compulsive disorder can be quieted with psychotherapy. Patterns of activity that underlie depression can be shifted when patients learn to think about their sad thoughts differently. Circuits too sluggish to perceive some speech sounds (staccato ones such as the sound of "d" or "p") can be trained to do so, helping kids overcome dyslexia. For these and other brain changes, change is always easier in youth, but the window of opportunity never slams shut.




From these successes, neuroscientists have extracted a powerful lesson. If they can identify what has gone wrong in the brain to cause, say, dyslexia, they might be able to straighten out aberrant wiring, quiet an overactive circuit or juice up a sluggish one. It won't happen overnight. But UCSF's Merzenich believes we have glimpsed only the surface of the ability of the brain to change. "The qualities that define a person have a neurological residence and are malleable," he says. "We know that in a psychopath, there is no activation of brain areas associated with empathy when he sees someone suffering. Can we change that? I don't know exactly how, but I believe we can. I believe that just as you can take a 17-year-old and put him through basic training, inuring him to violence, we can take a person who is insensitive and make him sensitive to others' pain. These things that define us, I'm convinced, can be altered." Only more research--and it's coming--will reveal how easily, and how much.




But what of the genes that shape our disposition and temperament? Here, too, malleability rules. As is often the case, this effect is easiest to detect in lab animals. Rats develop starkly different personalities depending on how they are reared. Specifically, if Mom is attentive and regularly licks and grooms them, they become well-adjusted little rodents, mellow and curious and non-neurotic mouse or rat. If Mom is neglectful, her pups grow up to be timid, jumpy and stressed out. Once, this was attributed to the powerful social effects of maternal care. But it turns out that Mom's ministrations can reach into the pups' very DNA. Maternal neglect silences genes for receptors in the pups' brains, with the result that they have few receptors and hence a hair-trigger stress response. Maternal care keeps these genes on, so the pups' brains have lots of receptors and a muted stress response. Inattentive moms also silence the genes for estrogen receptors in their daughters' brains; the females grow up to be less attentive mothers themselves. "It's almost Lamarckian," says Francis Champagne of Columbia University, referring to the discredited idea that offspring can pass along traits they acquire during life. "But experiences during a lifetime are passed on to the next generation."




Scientists are now beginning to see the first glimmerings of this in people, too. Very young children born with the form of a gene called 5-HTT associated with shyness usually are quiet and introverted. But by age 7, scientists led by Nathan Fox of the University of Maryland find, many are not. Only if the children have certain experiences--best guess: being raised by a stressed mother unable to provide emotional and physical protection--does the "shyness gene" live up to its billing. The molecular mechanism by which experiences reach down into the double helix and inhibit or elicit the expression of a gene is not as clear in people as it is in lab rats. At least, not yet. But it's an early sign that we are not necessarily slaves to the genes we inherit.




Few laypeople understand that neurological nihilism and genetic determinism have been so discredited. Most still embrace the idea that our fate is written in our DNA, through the intermediary of the brain wiring that DNA specifies. "It's puzzling that determinism is so attractive to so many people," says UCSF's Merzenich. "Maybe it's appealing to view yourself as a defined entity and your fate as determined. Maybe it's in our nature to accept our condition."




There is an irony to that. When people believe that their abilities and traits are fixed, interventions meant to improve academic performance or qualities such as resilience and openness to new experiences have little effect. "But if you tell people that their brain can change, it galvanizes them," says psychologist Carol Dweck of Stanford University, whose 2006 book "Mindsets" explores the power of belief to alter personality and other traits. "You see a rapid improvement in things like motivation and grades, or in resilience in the face of setbacks." None of that happens, or at least not as readily, in people who believe they are stuck with the brain they have.




This is not to say that everything will yield to the new brain science. There may turn out to be aspects of ourselves that resist every effort at change, for which we may be glad. But for too many decades, science sold the brain short. It is way too early in the battle against neuro-nihilism to declare anything beyond the reach of the brain's potential to transform itself.




Autor(es): Sharon Begley
Título de publicación: Newsweek. New York: Jul 2, 2007. Tomo 150, Nº 1/2; pg. 62
Tipo de fuente: Periodical
ISSN: 00289604

junio 04, 2008

triangulo de reciclado






En el fondo de algunos objetos de plástico se ve un triángulo como el de la figura de la tabla de abajo. En su interior aparece un número y en la parte inferior del mismo unas siglas. Tanto el número como las siglas hacen refencia a la composición química del plástico.





Esta información permite clasificar los plásticos según su composición como paso previo a su reciclado. En general, cuanto más bajo es el número más fácil resulta el reciclado.


En la tabla se pueden ver las distintas categorías en que se clasifican los plásticos para su reciclado















Los plásticos pertenecen a un tipo de sustancias químicas denominadas polímeros. Un polímero tiene una estructura en la que una pequeña parte, que se llama monómero, se repite un gran número de veces. A continuación se ven las estructuras de algunos de los plásticos mencionados.








mayo 23, 2008

“Sobre el Concepto de Derechos Humanos” – Francisco Laporta






Para Laporta, sería factible entender la correlatividad en sentido débil, en tanto que sí puede existir un deber sin derecho correlativo (el deber de votar no tiene derecho correlativo, pues nadie tiene el derecho a que otros voten), mas no un derecho sin deber.





Le parece que el derecho está antes de las acciones, pretensiones, exigencias, etc. Sostiene que el derecho es el título que subyace a todas las técnicas de protección, luego si alguien tiene un título, tiene una razón para exigir, pretender, etc. En términos de Raz, los derechos son razones para la acción. No es que se tenga derecho a x porque se nos reconozca una acción, sino que se reconoce tal acción porque tenemos derecho a x.





Si aceptamos lo anterior, los derechos anteceden conceptualmente a los deberes, entonces los deberes nacen de los derechos, no a la inversa. Esto, evidentemente no es entendible en términos positivistas duros.





Así pues, para Laporta los derechos son bienes fuertes que merecen ser tutelados jurídicamente a través de un sistema de protección. Esto va en relación al sistema jurídico de que se trate, no de un iusnaturalismo que hable de una valía metafísica per se.





Entonces, para el autor los componentes aislados del término derecho pueden verse en la siguiente definición: “La adscripción a todos y cada uno de los individuos de una clase a una posición, situación, aspecto, estado de cosas, etc. que se considera por el sistema normativo un bien tal que constituyen una razón fuerte particular para una protección normativa en su favor, a través de la imposición de deberes u obligaciones, la atribución de poderes e inmunidades, la puesta a disposición de técnicas reclamatorias, etc.[1]








[1] LAPORTA, Franciso. Sobre el Concepto de Derechos Humanos. En Doxa, pp. 31.

febrero 11, 2008

It's All in the Brain




Illusions Reveal the Brain's Assumptions.

By Maya Pines




We can recognize a friend instantly—full-face, in profile, or even by the back of his head. We can distinguish millions of shades of color, as well as 10,000 smells. We can feel a feather as it brushes our skin, hear the faint rustle of a leaf. It all seems so effortless: we open our eyes or ears and let the world stream in.


Yet anything we see, hear, feel, smell, or taste requires billions of nerve cells to flash urgent messages along cross-linked pathways and feedback loops in our brains, performing intricate calculations that scientists have only begun to decipher.


"You can think of sensory systems as little scientists that generate hypotheses about the world," says Anthony Movshon, an HHMI investigator at New York University. Where did that sound come from? What color is this, really? The brain makes an educated guess, based on the information at hand and on some simple assumptions,
says Vilayanur Ramachandran, a professor of neuroscience at the University of California, San Diego.


To resolve ambiguities and make sense of the world, the brain also creates shapes from incomplete data, Ramachandran says. He likes to show an apparent triangle that was developed by the Italian psychologist Gaetano Kanizsa (see right). If you hide part of this picture, depriving the brain of certain clues it uses to form conclusions, the large white triangle disappears.


We construct such images unconsciously and very rapidly. Our brains are just as fertile when we use our other senses. In moments of anxiety, for instance, we sometimes "hear things" that are not really there. But suppose a leopard approached, half-hidden in the jungle—then our ability to make patterns out of incomplete sights, sounds, or smells could save our lives.

http://www.hhmi.org/senses/a110.html

enero 17, 2008

Dying to know the truth







Dying to know the truth: visions of a dying brain, or false memories?





The nature of mind-brain relationships and the possibility of life-after-death are some of the most profound issues relating to mankind’s place in the universe. The report in today’s Lancet by Pim van Lommel and colleagues of near-death experiences (NDEs) in survivors of a cardiac arrest provides intriguing data that are relevant to these issues. Theirs is the second prospective study of this type, the first being a smaller-scale study done in Southampton by Parnia and colleagues. Both groups of researchers think that their findings indicate a need for radical revision of current assumptions about the relationship between consciousness and brain function. van Lommel and colleagues ask, “How could a clear consciousness outside one’s body be experienced at the moment that the brain no longer functions during a period of clinical death with flat EEG?”. But the truth is that nobody knows when the NDEs reported by these patients actually occurred. Was it really during the period of flat EEG or might they have occurred as the patients rapidly entered or gradually recovered from that state?







Elsewhere, Parnia and Fenwick have reviewed NDEs during cardiac arrest and have considered the latter possibility. They think that such an explanation is unlikely, mainly because of anecdotal reports of patients accurately recalling events that took place during the actual cardiac arrest, apparently during the out-of-body experience (OBE) phase of the NDE. An OBE can be defined as an experience in which a person seems to perceive the world from a location outside the physical body. One such anecdote was reported to van Lommel and colleagues during the pilot phase of their study by a coronary-care-unit nurse. Unfortunately, they do not report whether any attempt was made to corroborate details with the patient.







Blackmore lists several alternative non-paranormal explanations as to why people may sometimes seem to accurately describe events occurring during their NDEs. These include “information available at the time, prior knowledge, fantasy or dreams, lucky guesses, and information from the remaining senses. Then there is selective memory for correct details, incorporation of details learned between the NDE and giving an account of it, and the tendency to tell a good story”.







Having said that, the OBE component of the NDE offers probably the best hope of launching any kind of serious attack on current concepts of the relationship between consciousness and brain function.







Recent psychological studies have shown conclusively that simply imagining that one has had experiences that had in fact never been encountered will lead to the development of false memories for those experiences. Interestingly, susceptibility to false memories correlates with tendency to dissociate which in turn correlates with the tendency to report NDEs. The prospective nature of the studies by van Lommel and colleagues and Parnia and colleagues is to be welcomed as a major advance over previous retrospective approaches.






Christopher C French
Anomalistic Psychology Research Unit, Goldsmiths College, University of
London, London SE14 6NW, UK
(e-mail: c.french@gold.ac.uk)